El costo del dinamismo: No hay progreso sobre el hambre escolar ni el abandono de los enfermos

La narrativa oficial del Ministerio de Hacienda es seductora en su simplicidad: "limpiar la grasa del Estado" para "encender los motores de la inversión". El gobierno de José Antonio Kast ha puesto sobre la mesa una cifra ambiciosa de 5.000 millones de dólares en recortes bajo la promesa de que, al aliviar la carga tributaria de las grandes corporaciones, el empleo y el bienestar brotarán por añadidura. Sin embargo, tras la frialdad de las planillas Excel, se esconde una realidad brutal: el Estado no está ahorrando dinero, lo está trasladando como deuda al presupuesto de las familias chilenas.
La privatización del cuidado y el hambre
Cuando se propone "revisar" programas como la alimentación escolar (PAE) o los cuidados paliativos, lo que se está haciendo es desmantelar la red de seguridad mínima que permite a una familia de clase media o vulnerable subsistir.
Si un niño deja de recibir raciones en su escuela, ese gasto no desaparece; se traslada íntegramente al bolsillo de sus padres, quienes ya lidian con una inflación persistente. Si se recortan los recursos para cuidados paliativos o prevención del suicidio, la tragedia no se evapora: se encierra entre las cuatro paredes de un hogar donde, usualmente, una mujer deberá abandonar su puesto de trabajo para transformarse en enfermera, cuidadora y psicóloga improvisada.
Este es el verdadero "impuesto" de este gobierno: un gravamen al tiempo, a la salud mental y a la estabilidad financiera de los hogares chilenos para subsidiar la tasa impositiva del 1% más rico.
La falacia del "chorreo" teorico
El argumento central de Hacienda es que la reducción del impuesto corporativo (del 27% al 23%) generará un dinamismo económico sin precedentes. No obstante, esta es una apuesta basada en dogmas, no en garantías. En el escenario internacional, la evidencia de que menores impuestos corporativos se traducen automáticamente en mejores salarios o más empleo es, en el mejor de los casos, esquiva.
Lo que sí es una certeza matemática es el deterioro inmediato de la calidad de vida cuando el Estado se retira de sus funciones básicas. Estamos ante un experimento peligroso: se cambia un beneficio social tangible y directo por una promesa teórica de "derrame" que rara vez llega a la base de la pirámide.
Conclusión
Reducir la carga a los más poderosos a cambio de precarizar la mesa y el duelo de las familias no es modernización, es un retroceso civilizatorio. El "dinamismo" que se busca no puede construirse sobre el hambre escolar ni sobre el abandono de nuestros enfermos terminales. Al final del día, una economía que florece solo para los balances financieros de las grandes empresas, mientras marchita el presupuesto de los hogares, es una economía que ha fracasado en su propósito fundamental: el bienestar humano.
¿Te gustó el artículo?
5