El Espejismo de la Austeridad: Un Ajuste de Clase

31 de marzo de 2026• Vladimir Zurita
El Espejismo de la Austeridad: Un Ajuste de Clase

La decisión del Ejecutivo de permitir un alza histórica en los combustibles, desactivando el amortiguador del MEPCO, se intenta vender bajo el eslogan de la "responsabilidad fiscal". Sin embargo, al observar las prioridades del Gobierno en este 2026, la coherencia de su discurso se desmorona: lo que presentan como una necesidad técnica parece, en realidad, una decisión ideológica que castiga a la mayoría para proteger a unos pocos.

La Contradicción de los Recursos

El argumento oficial es que "no hay dinero" para seguir subsidiando el combustible. No obstante, esta supuesta escasez fiscal entra en conflicto directo con dos señales políticas inaceptables:

Privilegios en la Cúpula: Mientras se le pide al ciudadano común que absorba alzas de cientos de pesos por litro, el Ejecutivo mantiene y actualiza sueldos de asesores que rozan los 10 millones de pesos. Es una desconexión total con la realidad de un país que lucha contra la inflación.

Regalos al Gran Capital: En el colmo de la contradicción, el Gobierno impulsa una rebaja de impuestos a las grandes corporaciones. Es decir, mientras el Estado deja de percibir ingresos de los sectores más acaudalados del país, busca compensar esa "caja" eliminando el subsidio que alivia el costo de la vida de la clase media y los trabajadores.

Un Estado en Retirada

Este escenario se vuelve aún más grave cuando recordamos que el presupuesto ya sufrió un recorte del 3% en todos los ministerios. No estamos hablando de "grasa del Estado", sino de músculo vital:

Salud y Educación: Servicios básicos operando al límite de su capacidad instalada.

Ministerio Público: Una fiscalía desbordada que no cuenta con los recursos para enfrentar la crisis de seguridad que vive el país.

Lo más cínico del relato oficial es la apelación a la "herencia recibida". Los datos son claros: el gobierno anterior entregó una administración con un déficit fiscal proporcionalmente mucho menor al que ellos mismos recibieron. La crisis fiscal de hoy no es un accidente del pasado, sino el resultado de una gestión que prefiere desfinanciar lo público antes que tocar los intereses de las grandes empresas.

Conclusión: La Paz Social no es Transable

La responsabilidad fiscal es una herramienta, no un fin en sí mismo. Un país puede tener sus planillas de Excel en orden, pero si su paz social se quiebra por la asfixia económica de sus habitantes, ese orden es solo un espejismo.

Gobernar es priorizar. Y hoy, la prioridad del Ejecutivo parece ser aliviar la carga tributaria de las corporaciones y mantener los sueldos dorados de sus asesores, mientras deja que el costo de la vida y el deterioro de los servicios públicos fracturen la convivencia nacional. La estabilidad de una nación no se mide en el grado de inversión de Wall Street, sino en la dignidad con la que vive su pueblo.

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