El espejismo de la reconstrucción y el precio de la indolencia

La retórica del "crecimiento a toda costa" ha regresado a los pasillos de La Moneda, pero esta vez con un envoltorio de urgencia bajo el nombre de Ley Miscelánea de Reconstrucción. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, intenta vender un plan de salvataje que, bajo un análisis riguroso, parece más un salvavidas de plomo para la clase media y las pymes, y una alfombra roja para los capitales más concentrados del país.
El dato es demoledor: el gobierno ha decidido "ahorrar" fiscalmente a costa de la estabilidad del bolsillo ciudadano. Al maniatar el MEPCO y permitir un alza histórica en los combustibles —con un diésel que se dispara un 50% en pocas semanas—, Hacienda no solo está ajustando cuentas; está desatando un shock inflacionario que ya se siente en la feria, en el flete y en el pan.
El costo de "ahorrar" donde no se debe
El error de cálculo de Quiroz es político y técnico. Se jacta de una disciplina fiscal de hierro al recortar subsidios energéticos, pero ignora que el impacto en el IPC terminará sepultando cualquier intento de reactivación. ¿De qué sirve incentivar la compra de viviendas con IVA 0% si la inflación obligará al Banco Central a mantener las tasas de interés en las nubes? La reactivación no se decreta desde una oficina en Santiago; se vive en el consumo interno, ese mismo que hoy está asfixiado por el costo de la vida.
Un diseño para el 1%
Lo más grave de esta reforma es la asimetría de sus beneficios. Mientras a las pymes se les condena a la incertidumbre, viendo cómo sus regímenes tributarios especiales expiran, la ley propone una rebaja directa del Impuesto de Primera Categoría para las grandes empresas, del 27% al 23%.
El diseño es transparente en su intención:
Para los más ricos: Rebaja de impuestos corporativos y una ventana de "perdonazo" (repatriación de capitales) con una tasa del 7%.
Para el resto: El fin del subsidio a la bencina y un aumento del costo de vida que actúa como un impuesto regresivo e invisible.
Conclusión: Una hipoteca al futuro
La "reconstrucción" de Kast parece entenderse solo como la reconstrucción de las utilidades de las grandes corporaciones. Si el plan económico se sostiene sobre la base de empobrecer el consumo de la mayoría para financiar el alivio tributario de unos pocos, no estamos ante un plan de desarrollo, sino ante una transferencia de riqueza sin precedentes bajo el escudo de la emergencia.
El costo social de esta indolencia técnica será, sin duda, mucho más alto que los dólares que Quiroz pretende ahorrar. Un país no se reconstruye solo con cemento y grandes capitales; se reconstruye con la certeza de que llegar a fin de mes no será una misión imposible. Por ahora, esa certeza está fuera de la agenda del ministro.
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