Entre la provocación cultural y el populismo de ruptura: la batalla campal de la derecha que jaquea el proyecto de Kast

La fallida acusación constitucional contra el exministro de Economía, Nicolás Grau, no pasará a la historia por su mérito jurídico. De hecho, su archivo era previsible. Lo que convierte este episodio en un síntoma político de primer orden es lo que dejó al descubierto: una fractura estratégica en el bloque de derechas que ya no puede disimularse con fotos de unidad ni cumbres programáticas. Mientras la UDI celebra su "invicto" de 16 resoluciones aprobadas en la Cámara —diseñadas meticulosamente para librar una guerra cultural contra la izquierda—, el Partido Nacional Libertario de Johannes Kaiser acusa a Chile Vamos de querer imponer un ritmo que no le pertenece. La escaramuza parlamentaria es solo la superficie. Lo que está en juego es la definición del proyecto de país que la derecha pretende consolidar bajo el gobierno de José Antonio Kast.
No se trata de una diferencia de matices. Son dos almas en colisión. Una, la de la UDI y el grueso de Chile Vamos, apuesta por mantener la arquitectura neoliberal intacta mientras agita el fantasma de la "ideología de género" y el lenguaje inclusivo para movilizar a una base electoral conservadora. La otra, la que enarbola Kaiser, cuestiona ese libreto desde una lógica de ruptura populista: no basta con administrar el modelo heredado, hay que demoler a las élites que lo han cooptado, incluidas las de la propia derecha tradicional. La disputa no es anecdótica. Define los límites de lo posible para un gobierno que ya muestra signos de desgaste prematuro.
El "invicto" de la UDI: una agenda que disfraza su núcleo
Las 16 resoluciones que la bancada UDI ha logrado aprobar en la Cámara de Diputados durante este período comparten un patrón. Según ha informado La Tercera, se trata de iniciativas focalizadas en temas de alta sensibilidad cultural: restricciones al uso del lenguaje inclusivo en la administración pública, cuestionamientos a programas de educación sexual integral, defensa de símbolos patrios frente a expresiones de descontento social. Ninguna toca los fundamentos del modelo económico. Ninguna interpela los intereses del gran empresariado que históricamente ha financiado al gremialismo.
La estrategia es transparente en su cálculo. Movilizar a las bases conservadoras sin alterar un ápice la matriz de privatizaciones, flexibilidad laboral y concentración de la riqueza que caracteriza al orden neoliberal chileno. Es una operación de distracción masiva con beneficiarios claros: mientras el debate público se enfrasca en si una repartición pública debe usar "todes", las grandes reformas estructurales —como la rebaja tributaria a las empresas que el Ejecutivo impulsa con urgencia— avanzan sin el mismo escrutinio callejero. El "invicto" de la UDI es, en realidad, una victoria pírrica: ganan todas las batallas culturales mientras la guerra por el modelo económico la disputan en otro campo, uno donde los perdedores son los mismos de siempre.
Kaiser y la incomodidad de la derecha parlamentaria: "No nos pueden imponer el ritmo"
Frente a esta maquinaria, Johannes Kaiser ha decidido marcar una diferencia que ya no es solo retórica. Sus declaraciones, recogidas por La Tercera, son elocuentes: acusó a Chile Vamos de querer "imponer un ritmo que no nos pertenece" y advirtió que el Partido Nacional Libertario no será "la correa de transmisión de un programa que no consultamos". La molestia no es nueva, pero encontró en la acusación contra Grau un punto de inflexión. Mientras la UDI insistía en avanzar con el libelo —más como gesto político que como estrategia jurídica—, los libertarios se restaron, evidenciando que la unidad del bloque es una ficción cada vez más difícil de sostener.
Lo que Kaiser representa no es una disidencia menor. Es la expresión local de un fenómeno que recorre las derechas occidentales: el agotamiento del modelo neoliberal clásico como proyecto político movilizador y su reemplazo por un populismo anti-élite que, sin tocar los privilegios del capital, canaliza el malestar social hacia enemigos internos —las "castas" políticas, los "globalistas", la "agenda woke"— presentándose como una alternativa antisistémica. El problema para Chile Vamos es que ese discurso también los interpela a ellos. Para Kaiser, la UDI es parte del problema: una fuerza que administró el modelo durante décadas y que hoy pretende reciclarse sin pagar los costos de su propia historia.
La incomodidad es mutua. El senador Luciano Cruz-Coke lo explicitó al advertir que la fusión con Republicanos —y ahora con los libertarios— no puede implicar "una renuncia a lo que somos". Esa frase, aparentemente críptica, contiene el dilema estratégico: ¿cómo integrar a una fuerza que te considera parte del enemigo sin desnaturalizar tu propio proyecto? La respuesta, por ahora, no existe.
Un barco que hace agua: el contexto de una pelea por el liderazgo
La disputa sería casi académica si no fuera por el escenario en que se desarrolla. Las cifras son demoledoras: la aprobación del presidente Kast cayó al 35% según Criteria, mientras Cadem reporta una desaprobación récord del 60%. Cuatro meses de gobierno, dos gabinetes ajustados y una agenda económica que no logra concitar mayorías estables configuran un cuadro de fragilidad que la derecha parece no haber dimensionado completamente. La pregunta incómoda es si esta fractura es una verdadera pugna por imponer un modelo de sociedad o simplemente una lucha por el liderazgo en un barco que hace agua.
Hay argumentos para ambas lecturas. La pugna es sustantiva en la medida en que Kaiser efectivamente representa una variante distinta de derecha: menos atada a los consensos de la transición, más proclive a la retórica refundacional, más dispuesta a utilizar el Estado para fines que la UDI consideraría impropios del mercado. Pero es también instrumental: con un Kast debilitado, la sucesión está abierta y la lucha por posicionarse como el heredero natural del proyecto ya comenzó. La columna de El Mostrador que analiza la acusación constitucional como una "batalla de posicionamiento" acierta en el diagnóstico: cada gesto, cada distancia, cada provocación cultural es leída en clave de sucesión presidencial anticipada.
La megarreforma bajo fuego cruzado y las líneas rojas del FA
En este tablero de tensiones, la gobernabilidad de la "megarreforma" —el paquete de medidas económicas que el Ejecutivo ha definido como su apuesta central— pende de un hilo. La diputada Constanza Martínez, del Frente Amplio, trazó líneas rojas claras: no habrá apoyo a la rebaja tributaria a las empresas si no se compensa con un aumento significativo del gasto en salud, educación y pensiones. Es una posición que cierra el espacio de negociación justo cuando el gobierno necesita desesperadamente aliados para sacar adelante su agenda.
La paradoja es evidente: Kast requiere los votos de una oposición que considera excesivas sus reformas mientras contiene a un sector propio que las considera insuficientes. La fractura de la derecha no solo es un problema interno del bloque; es un obstáculo concreto para la estabilidad del gobierno.
Lo que la fallida acusación contra Grau revela, en última instancia, es que la derecha chilena enfrenta un dilema irresuelto: cómo construir un proyecto de país cuando sus dos almas —la neoliberal y la populista— no logran ponerse de acuerdo ni siquiera sobre quién es el adversario. La guerra cultural puede ganar resoluciones en la Cámara, pero no construye mayorías sociales. Y un gobierno que se sostiene sobre una coalición que ya no disimula sus fracturas está condenado a gobernar a los tumbos, administrando crisis en lugar de impulsar transformaciones. La pregunta no es si la derecha se fracturará. Ya lo hizo. La pregunta es cuánto tardará en reconocerlo.
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Fuentes consultadas / sugeridas:
- La Tercera: Reportajes sobre la estrategia de resoluciones de la UDI, las declaraciones de Johannes Kaiser, Luciano Cruz-Coke y el desarrollo de la acusación constitucional contra Nicolás Grau.
- Cooperativa: Publicación de los sondeos Criteria (aprobación presidencial de 35%) y Cadem (desaprobación de 60%).
- El Mostrador: Columna sobre la acusación constitucional como "batalla de posicionamiento" y declaraciones de la diputada Constanza Martínez (FA) sobre las líneas rojas frente a la rebaja tributaria.
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