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Gabriel Zaliasnik: El hilo conductor entre el tráfico de influencias, la impunidad y el sionismo de Estado

15 de junio de 2026• Vladimir Zurita
Gabriel Zaliasnik: El hilo conductor entre el tráfico de influencias, la impunidad y el sionismo de Estado

Gabriel Zaliasnik no es un actor secundario en el ajedrez del poder en Chile. A lo largo de la última década, se ha consolidado como el arquitecto en las sombras de la derecha dura, operando en la delgada línea que separa la defensa penal del lobby político y la influencia judicial. Hoy, su figura emerge no solo como una pieza clave en el entramado de corrupción desvelado por el Caso Audios, sino como el arquetipo perfecto de una élite que amarra la impunidad doméstica con una defensa irrestricta y militante del régimen de Israel.

Su reciente designación como embajador de Chile en Israel por parte de la administración Kast no es un accidente diplomático; es el pago a la lealtad y la culminación de una trayectoria donde la defensa del sionismo internacional y las operaciones de pasillo en los tribunales chilenos convergen en un solo nombre.

El operador del Caso Audios: La maquinaria judicial al desnudo

La filtración de las comunicaciones entre Zaliasnik y Luis Hermosilla terminó por derribar el mito del abogado corporativo intachable. Los registros que abarcan desde 2016 hasta 2023 revelan una maquinaria dedicada a torcer las instituciones desde adentro, en absoluta coordinación con figuras como Andrés Chadwick.

No estamos hablando de estrategias legales, sino de tráfico de influencias puro y duro. Las conversaciones exponen cómo Zaliasnik gestionaba "empujones" para posicionar o castigar a jueces en el Pleno, triangulaba honorarios millonarios a través de empresas estatales como ENAP, y lo más grave: exploraba el uso de gastos reservados del Estado para financiar la defensa de exautoridades. Zaliasnik y Hermosilla funcionaban como una verdadera casta de poder, dispuesta a evaluar incluso seguimientos e interceptaciones a dirigentes de la oposición. Es la radiografía de una derecha que no compite en las urnas ni debate en el Congreso, sino que opera extorsionando el sistema de justicia.

El blindaje del octubrismo y la criminalización de los Derechos Humanos

Para entender a Zaliasnik, hay que mirar su rol durante el estallido social de 2019. Mientras las calles evidenciaban una fractura social sin precedentes, él se encargó de proveer el blindaje ideológico y jurídico al gobierno de Sebastián Piñera.

Fue el principal impulsor de la tesis del "golpe de Estado frustrado por mecanismos modernos", una narrativa diseñada para vaciar de contenido político las demandas ciudadanas y justificar la represión. Zaliasnik no solo negó categóricamente las violaciones sistemáticas a los derechos humanos acreditadas por organismos internacionales, sino que pasó a la ofensiva: persiguió penal y públicamente a los consejeros del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), acusándolos de ser instrumentos de la "ultraizquierda". Su estrategia fue clara: atacar a las instituciones garantes para asegurar la impunidad del mando civil y policial.

La trayectoria sionista: Del activismo local a la diplomacia de Estado

El perfil de Zaliasnik queda incompleto si no se analiza su rol como uno de los principales articuladores del sionismo en Chile. Como expresidente de la Comunidad Judía de Chile (CJCh), ha mantenido una militancia feroz en defensa de las políticas del Estado de Israel, utilizando su tribuna y sus redes de poder para silenciar e intimidar cualquier postura pro-palestina en el país.

Su agresividad retórica quedó en evidencia cuando el gobierno de Gabriel Boric mostró reservas ante las credenciales del embajador Gil Artzyeli en 2022. Zaliasnik lideró la embestida, acusando a la administración de un "antisemitismo atávico". Esta lealtad incondicional a los intereses geopolíticos de Israel, por sobre cualquier consideración de derecho internacional, ha encontrado su recompensa definitiva. La actual administración de José Antonio Kast lo ha ungido como embajador en Tel Aviv.

Conclusión: El arquetipo de la derecha corporativa

Gabriel Zaliasnik representa la síntesis perfecta del político-operador de la extrema derecha moderna. Es la encarnación de un modelo que privatiza la justicia a través de operadores como Hermosilla, que criminaliza la protesta social para proteger a los suyos, y que abraza el sionismo internacional como una extensión de su propia visión del mundo: una donde el poder militar, económico y judicial se ejerce sin rendir cuentas.

Enviar a Zaliasnik a Israel en medio de las revelaciones del Caso Audios es un mensaje claro. Demuestra que, para ciertos sectores del poder en Chile, la corrupción y el tráfico de influencias no son motivos de destitución, sino credenciales de eficiencia. Es la coronación de un operador que ha sabido blindar a la élite chilena y que ahora se prepara para defender las acciones del régimen israelí con las mismas herramientas: negacionismo, lobby y desprecio por los derechos humanos.

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