La batalla por la realidad: por qué el gobierno de Kast necesita desacreditar la encuesta Casen

Cuando un gobierno decide que los datos no le gustan, no los corrige: los desacredita. Eso es exactamente lo que está ocurriendo con la embestida del Presidente José Antonio Kast contra la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen). No estamos ante un debate técnico sobre metodologías ni ante una preocupación genuina por la precisión estadística. Estamos ante una operación política que busca construir el relato necesario para justificar lo que viene: un giro neoliberal en la política social chilena.
Las declaraciones del Mandatario en Tele13 Radio no dejaron lugar a interpretaciones ambiguas. Consultado sobre si mantenía sus dudas respecto a los resultados de la encuesta, su respuesta fue tajante: "Sí, claro". A renglón seguido, revivió las objeciones del actual ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, insistiendo en la existencia de un supuesto "error en la medición" que invalidaría los resultados que mostraban una reducción de la pobreza multidimensional al 4,9% durante la administración de Gabriel Boric.
El problema para el Ejecutivo es que esta controversia tiene un detalle incómodo: no existe fuera de sus propias filas.
La controversia que no existe (pero que conviene sembrar)
Giorgio Jackson, exministro de Desarrollo Social durante el gobierno en que se realizó la medición, fue categórico: "Lo extraño es que esta controversia vive solo en la cabeza de Jorge Quiroz y de José Antonio Kast, porque si uno le pregunta a cualquier persona que haya trabajado de cerca o que haya analizado cualquiera de los últimos procesos de la encuesta Casen, podrá corroborar que las reducciones de la pobreza informadas fueron calculadas por metodologías vigentes".
La exministra Javiera Toro fue aún más directa, calificando como "gravísimo" que el Presidente ponga en duda la institucionalidad estadística del país. Recordó que la Casen no es un capricho del gobierno de turno, sino un instrumento con décadas de trayectoria que involucra al Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). "Poner en cuestión las estadísticas oficiales que son reconocidas nacional e internacionalmente pone en cuestión la institucionalidad y el acervo estadístico del país", sentenció Toro.
Lo que el Ejecutivo presenta como "error metodológico" fue en realidad una decisión deliberada y anticipada de elevar los estándares. "Una cosa es subir y mejorar la metodología, y hacerlo resguardando su legitimidad técnica, y otra cosa es decir que había error en los datos, que los datos eran falsos, que se había mentido", explicó la exministra. La diferencia no es semántica: es política.
La pobreza "estadística" y el estigma de la dignidad neoliberal
El matiz llegó de la mano del biministro Claudio Alvarado, quien intentó contener el incendio asegurando que "no hay cuestionamiento a los datos". Pero inmediatamente reveló la verdadera agenda: lo que el gobierno busca es que la superación de la pobreza tenga "un rol protagónico del empleo y los ingresos propios, no solo los subsidios".
Aquí asoma la médula ideológica de toda la operación.
El diputado republicano Agustín Romero lo expresó con una honestidad brutal en Cooperativa: "Para muchos de nosotros, no es suficiente que la pobreza se supere estadísticamente". La frase merece ser diseccionada porque condensa el pensamiento neoliberal en estado puro: si una familia logra superar la línea de pobreza gracias a transferencias estatales, eso no cuenta realmente. Es una pobreza que se supera "estadísticamente", pero no moralmente, porque persiste la dependencia del Estado.
Romero añadió el complemento necesario: "A nosotros nos gustaría que la pobreza se supere como se vino superando durante los años 90: a través de crecimiento económico, empleo, mejora en los ingresos". La nostalgia por un modelo que prometía que el chorreo llegaría solo revela la profunda incomprensión —o negación deliberada— de la realidad actual del mercado laboral chileno.
La cruel aritmética del empleo prometido
Porque mientras el gobierno fantasea con familias que salen de la pobreza gracias a su esfuerzo individual en el mercado, la realidad muestra un panorama devastador. Según informó La Tercera, en el último año el Indicador de Calidad del Empleo confeccionado por Horizontal cayó 1,7 puntos porcentuales, lo que significa que 102.600 trabajadores que antes tenían un empleo de calidad, ya no lo tienen. La cifra se explica principalmente por la pérdida de cotizaciones de seguridad social.
Más revelador aún: de los 81.778 nuevos empleos creados, la totalidad del crecimiento correspondió a empleos informales —114.000 nuevas plazas—, mientras se destruyeron 32.800 empleos formales. Hay 2.537.804 personas trabajando en la informalidad en Chile. La tasa de desempleo se mantiene en 9,4%, sus niveles máximos en cinco años.
El 70% de quienes perdieron su empleo de calidad en el último año son mujeres. Es decir, el sector que el republicanismo más conservador insiste en devolver al hogar es precisamente el más castigado por la precarización laboral.
¿Cómo se supone que las familias superen la pobreza "a través del empleo y los ingresos propios" cuando el mercado solo ofrece informalidad sin cotizaciones, sin seguridad social, sin estabilidad? La pregunta es retórica porque la respuesta no está en la economía real, sino en la ideología: el objetivo no es resolver la pobreza, sino disciplinar a los pobres.
La narrativa anti-subsidios que hoy despliega el gobierno cumple una función precisa en el ciclo de acumulación capitalista: preparar el terreno para recortes fiscales que liberen recursos hacia otros destinos mientras se reinstala la idea de que la pobreza es, en el fondo, una falla moral individual. Si los subsidios "no cuentan" como superación legítima de la pobreza, entonces la política social basada en transferencias puede presentarse como un paliativo ineficaz, casi engañoso. La solución, insisten, está en que cada cual se salve a sí mismo en un mercado que, casualmente, ofrece cada vez menos salvavidas.
El exministro Jackson lo resumió con agudeza: "Se le está apareciendo ese Kast candidato de manera más frecuente de lo que uno esperaría ahora en su rol de Presidente, y no pueda reconocerle logros al gobierno del presidente Boric es bastante preocupante en términos del liderazgo que quiere representar, porque significa que no quiere enfrentarse de ninguna forma a su barra brava".
La batalla por la Casen es, en esencia, una batalla por la realidad. Cuando los hechos contradicen el dogma, el dogma exige destruir los hechos. Lo que está en juego no es una encuesta ni una metodología: es si seguiremos entendiendo la pobreza como una falla estructural que la sociedad organizada debe corregir colectivamente, o si regresaremos a la vieja fábula neoliberal del emprendedor que se levanta a pulso en un mercado que, para las mayorías, ya no ofrece suelo firme.
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