Opinión

La fábrica de la pobreza: cómo el fantasma de la recesión se usa para desatar una contrarreforma laboral

5 de julio de 2026• Vladimir Zurita
La fábrica de la pobreza: cómo el fantasma de la recesión se usa para desatar una contrarreforma laboral

El país se despierta con la misma monotonía de las malas noticias económicas. Por quinto mes consecutivo, el Imacec se tiñó de rojo, un goteo incesante que ya no es un tropiezo sino una tendencia consolidada. Mientras el desempleo escala a un 9,4% que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) documenta fríamente, el gobierno de José Antonio Kast despliega su propia realidad paralela. En esa narrativa, el ministro de Economía, Quiroz, insiste en un rebote inminente que parece un espejismo. Pero la verdadera operación no está en los discursos, sino en los sótanos: usar la crisis como coartada perfecta para una ofensiva sin precedentes contra los derechos laborales.

La receta ya está servida. Ante la parálisis productiva, en lugar de fortalecer el músculo estatal o proteger el ingreso de las familias, La Moneda convoca a sus "expertos" de confianza. Lo que emerge de esa mesa de reactivación es un diagnóstico escalofriante: una contrarreforma laboral de facto que propone extender la jornada semanal hasta 52 horas y pavimentar la "flexibilidad" como doctrina oficial. Es el nacimiento explícito de una fábrica de pobres con patente gubernamental.

El triunfalismo frente al desastre: los datos que Quiroz no menciona

La divergencia entre la calle y el palacio se ensancha. Los registros de la Dirección del Trabajo muestran una volatilidad persistente en los despidos por necesidades de la empresa, un termómetro de la precariedad que no miente. Las empresas desvinculan trabajadores no porque sean improductivos, sino porque el modelo no les garantiza la tasa de ganancia esperada, en un contexto de consumo interno deprimido. Son trabajadores desechados por un ciclo económico que el propio ministro Quiroz, con su promesa de un rebote que nunca aterriza en los indicadores del INE, se niega a enfrentar con seriedad.

Académicos vinculados a la mesa de reactivación y analistas de la banca —cuyas proyecciones para el segundo semestre, reporteadas en detalle por Diario Financiero, anticipan más contracción— no piden estímulo fiscal ni inversión pública. Piden desregular. Es una lógica circular y perversa: para paliar una crisis generada por la desregulación financiera y la dependencia de commodities, se propone más desregulación, ahora sobre los cuerpos y horarios de los trabajadores. El "país de propietarios" que prometió la administración Kast se traduce en un país de propietarios de su propia precariedad.

Quiénes son y qué buscan los "expertos" de las 52 horas

Para entender el asalto, hay que seguir el rastro de los actores. La mesa de reactivación no es un foro neutral. La integran economistas y abogados con un largo historial de consultorías para gremios empresariales y multinacionales, cuyo prontuario ideológico los sitúa en la órbita de la desregulación financiera que patrocinan desde centros de estudios como Libertad y Desarrollo. Sus propuestas, que El Mostrador reveló con precisión, incluyen no solo la extensión explícita de la jornada hasta 52 horas, sino una serie de mecanismos de "flexibilidad" que, en la práctica, pulverizan la jornada laboral como concepto protector. Hablar de "flexibilidad acordada entre las partes" en un mercado laboral con un 9,4% de desempleo es un oxímoron cínico: la necesidad del trabajador de conservar su empleo es la firma forzada de cualquier pacto.

Estos "expertos" responden a intereses muy concretos. La propuesta de los 10 fondos generacionales para el sistema de pensiones, aireada en los mismos círculos financieros, es la otra cara de la moneda. Necesitan un mercado laboral de alto rendimiento a bajo costo para alimentar ese sistema con cotizaciones constantes, aunque provengan de salarios miserables y jornadas extenuantes. Es la cuadratura de un círculo: una fuerza laboral eternamente joven, saludable y con ingresos estables, extraída de un modelo que justamente impide esas tres condiciones.

Diseñando un modelo para el estancamiento: trabajo barato para financiar rebajas tributarias

La pregunta incómoda que el gobierno evita es: ¿qué tipo de economía se está incubando? La evidencia apunta a la consolidación de un modelo laboral para un país en estancamiento crónico, donde la única "competitividad" que se busca es la del trabajo barato. Como una fábrica de pobreza a escala nacional, se pretende que la extensión de la jornada y la destrucción de las barreras protectoras compensen la falta de inversión en innovación, tecnología o diversificación productiva.

Este asalto laboral es funcional a la "megarreforma" tributaria que el mismo sector promueve, que busca reducir la carga impositiva a las grandes empresas y a los tramos de altos ingresos. Para financiar ese agujero fiscal, el ajuste recae sobre las espaldas de los trabajadores, no mediante nuevos impuestos, sino mediante la extracción de más horas de trabajo por menos protección. Es una ecuación brutal: menos impuestos para el capital, más horas de trabajo para el trabajo. La columna de El Mostrador "Contrarreforma laboral: aceite para la fábrica de pobres" lo sintetizó con lucidez: no es un retorno a la flexibilidad del estallido, es un salto hacia un orden laboral más regresivo que aquel.

El sistema de AFP, lejos de ser un actor observante, es un engranaje central. Los fondos de pensiones necesitan rentabilizar sus inversiones en empresas locales. Una forma de lograrlo en un contexto recesivo es garantizarles a esas empresas un costo laboral unitario más bajo, vía aumento de horas o eliminación de sobretasas. La jubilación digna se persigue destruyendo la calidad del empleo durante la vida activa: una paradoja que solo se sostiene con el enorme poder de lobby de quienes diseñan la política pública.

Chile se asoma a un abismo. No es solo una crisis cíclica que pasará con un viento favorable del precio del cobre. Es la incubación deliberada de un régimen laboral y social donde la pobreza no es una consecuencia indeseada, sino un costo de transacción asumido. La contrarreforma laboral es el aceite que esa fábrica necesita para funcionar. La pregunta es si la sociedad chilena, aún con la memoria fresca de las promesas de dignidad, permitirá que se enciendan sus máquinas.

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Fuentes consultadas / sugeridas:

- DF Diario: Reportes sobre la propuesta de los 10 fondos generacionales y proyecciones bancarias para el segundo semestre.

- El Mostrador: Columna "Contrarreforma laboral: aceite para la fábrica de pobres" y reportaje sobre la propuesta de extensión de jornada a 52 horas.

- Dirección del Trabajo: Registros sobre despidos por necesidades de la empresa.

- Instituto Nacional de Estadísticas (INE): Datos de evolución del empleo.

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