¿Qué celebra Kast en el Foro Madrid? La red que llama a cazar migrantes y pagó por mentiras

Santiago fue esta semana el escenario de una exhibición de poder que la prensa dominante se esmeró en presentar como un encuentro más de la agenda internacional. El V Encuentro Regional del Foro Madrid congregó en el Centro de Eventos Casa Piedra San Carlos de Apoquindo a líderes de la ultraderecha de al menos 25 países, según documentó CIPER Chile. El presidente José Antonio Kast no solo asistió: se dirigió a los asistentes con la euforia de quien se siente en casa. "Nosotros vamos a celebrar cuando recuperemos nuestra nación", declaró, y recordó con orgullo la brecha de "7,2 millones de votos contra 5,2 millones" que consagró su triunfo en las urnas.
Lo que la cobertura protocolar omitió es que ese "recuperar la nación" no es una metáfora retórica. Es la consigna de una red transnacional cuyos líderes e invitados han llamado explícitamente a "cazar" migrantes, disparar contra las flotillas con ayuda humanitaria rumbo a Gaza, penalizar el aborto y anular derechos de personas LGBT, según la investigación publicada por CIPER. En la edición de 2025 en Asunción, el mismo foro calificó al progresismo regional como "izquierda criminal" que "tendrá que rendir cuentas". El paso por Santiago no es una anécdota protocolar: es la vitrina de una infraestructura política que ya operaba en Chile con desinformación, dinero y redes digitales.
El discurso del "respeto" y su doble estándar
Cuando terminaron las polémicas del encuentro, Kast se presentó en la ceremonia Fraternitas de la República 2026 de la Gran Logia de Chile y pronunció un discurso sobre el valor del "respeto" ante las diferencias políticas e ideológicas. "Siempre más allá de nuestras diferencias legítimas y políticas, he encontrado aquí un lugar de respeto, un lugar donde se puede conversar", señaló, según reportó Cooperativa.
El problema es que ese llamado a la convivencia democrática se produjo apenas días después de que su propio Gobierno desestimara los reproches por los insultos del presidente argentino Javier Milei, quien en el Foro Madrid calificó a sus adversarios como "zurdos mugrosos negadores de la realidad" y justificó el golpe contra Salvador Allende como un supuesto paso a "un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años". Como recordó El Siglo, las cifras económicas desmienten esa versión: la dictadura fue uno de los períodos más terribles para los chilenos, con inflación permanente, recesión, cesantía y un nivel de pobreza que llegaba a casi la mitad del país.
La contradicción es difícil de ignorar. Un presidente que exige respeto institucional ante una logia masónica es el mismo que guarda silencio ante su principal aliado regional que, en palabras del presidente del Partido Comunista, Lautaro Carmona, "pisoteó nuestra historia". El respeto de Kast, al parecer, es selectivo: protege a quienes normalizan la violencia política y excluye a quienes la denuncian.
La ruta del dinero: de la desinformación al gobierno
La sombra más incómoda para La Moneda no proviene de los discursos, sino del flujo de dinero. CIPER publicó que Enrique García, socio chileno del argentino Fernando Cerimedo —el llamado "rey de los bots" detenido en Bolivia por intento de femicidio— aportó $4 millones a la organización "Unidos somos más fuertes", que reunió casi $33 millones para la campaña del Rechazo en el plebiscito constitucional de 2022. Otro donante fue Tomás Yáñez, quien ahora integra el gabinete del ministro Martín Arrau.
Esa misma organización financió la campaña denominada "Así no", que según los registros del Servel difundió al menos tres informaciones falsas y dos engañosas sobre la propuesta constitucional en materias de seguridad pública, salud y educación. No es un detalle menor: la victoria política del Rechazo en 2022 se construyó, en parte, sobre mentiras pagadas. Y los vínculos de Cerimedo con el entorno presidencial ya eran objeto de atención: El Mostrador recordó que varios personeros del Gobierno participaron con él en la antigua "Casa del Rechazo" —Alejandro Irarrázaval, Felipe Costabal e Ignacio Dulger, entre otros—, y que Nadia Beller declaró que el "rey de los trolls" trabajó en la campaña de Kast, quien reconoció conocerlo aunque aseguró no haber trabajado con él.
Orbán Files y una organización disuelta por opacidad
La cita del Foro Madrid también hizo revivir un expediente incómodo. La Political Network for Values, presidida por Kast durante tres años, fue disuelta en Estados Unidos por no presentar sus balances financieros durante su gestión, según informó El Mostrador Unidad de Investigación. El mismo organismo recibió más de US$1,3 millones del gobierno húngaro de Viktor Orbán mientras el actual presidente chileno estaba a la cabeza, dineros que hoy están siendo investigados por el nuevo gobierno encabezado por Péter Magyar. Son los Orbán Files: la documentación de cómo el régimen húngaro financió redes de influencia conservadora en América Latina, con Kast como pieza central.
Censurar a la prensa crítica: la otra cara de la "nueva era"
Mientras se proclamaba "una nueva era para Iberoamérica", los organizadores del Foro Madrid vetaron al equipo periodístico de Radio Universidad de Chile, pese a contar con acreditación formal otorgada por los propios organizadores. El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos condenó la medida: "Las restricciones a la prensa, la censura y la exclusión de voces disidentes han sido, invariablemente, las primeras señales del deterioro democrático", declaró su directora ejecutiva, María Fernanda García Iribarren. La Cátedra de Derechos Humanos de la Universidad de Chile calificó el hecho como "una falta gravísima a la libertad de prensa y al acceso a la información", y el Colegio de Periodistas vinculó lo ocurrido con la retórica antidemocrática impulsada por Milei.
El patrón es coherente: una cumbre que celebra la "recuperación de la nación", que cuenta entre sus filas a financistas de desinformación electoral y que excluye a la prensa que no se pliega a su relato. No es casualidad que el Foro Madrid aterrizara en Santiago con la promesa de inaugurar una "nueva era". Lo que esa era trae consigo ya se puede medir con hechos: censura, mentiras pagadas y una red internacional dispuesta a legitimar la violencia política. El discurso del "respeto" no alcanza a cubrir la evidencia.
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